EL ALBARRA, COMIENZO DE LA HISTORIA DE UN PUEBLO. ARJONILLA 2016
 
EL ALBARRA, COMIENZO DE LA HISTORIA DE UN PUEBLO. ARJONILLA 2016
ARJONILLA NEVADA EL 29 DE ENERO DE 2006
Fiesta de Espigas 2009
ALGUNOS DETALLES DE MI PUEBLO, SU HISTORIA Y SU GENTE
PRESENTACIÓN DEL CARTEL Y PREGÓN DE SEMANA SANTA
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Arjonilla desde todos los puntos de vista
EN ESTRASBURGO, GRACIAS A UN PREMIO CONSEGUIDO POR EL INSTITUTO
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EL ALBARRA, COMIENZO DE LA HISTORIA DE UN PUEBLO. ARJONILLA 2016

Página de gran interés
Página sobre la celebración en 2009 del centenario de la ADORACIÓN NOCTURNA ARJONILLERA
Dos imágenes que hablan de nuestra historia
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La monumentalidad de los viejos vestigios de nuestra historia, se nos muestran intermitentes para que no olvidemos nunca nuestras raíces.Una vista general de la Iglesia de la Encarnación y el Castillo de Macías el Enamorado.Aquí, en este casi derruido castillo, aconteció la muerte del trovador, cuya historia ha sido regalada al Príncipe Don Felipe por su prometida Dª Letizia, escrita por Mariano José Larra con el título de "El Doncel de D. Enrique el Doliente".
Aquí tenéis una biografía del gallego que escribí en la revista "Al Pie de la Parroquia"

"MACÍAS EL ENAMORADO"

La truncada vida joven de Macías, intensa, azarosa, vibrante, estremecedora y de una vehemencia apasionada, requiere una gran atención, especialmente para que los arjonilleros tengan constancia de la enjundia de tan entrañable personaje.
El nombre de Macías percute su destino en la Historia, convirtiendo la anécdota de su vida en verbo y expresión eterna, que llega hasta nosotros difuminada por el paso del tiempo, pero con la nitidez de las glorias de nuestra literatura que lo citan en infinidad de textos.
Nació en tierras de verde y bruma, donde los bosques umbrosos parecen encubrir el sortilegio de las meigas, donde los ríos son macho y son hembra; tierra de agua llovida con pertinaz niebla, de mares de espumas bravías que devoran sus leyendas. Allí, en la inmarcesible Galicia, nació el Gran Macías, “El Enamorado”, en Padrón, la antigua Iria Flavia.
Aunque no son muy abundantes las noticias respecto a su infancia, algunos aseguran que procedía de una familia de hidalgos de la más rancia nobleza del reino de Galicia, y aunque lo material no da blasones, creció en un ambiente de distinción y exquisitez, no hay acuerdo entre los cronistas en lo referente a la fecha de su nacimiento, mientras unos dicen que fue a mediados del siglo XIV, otros suponen -con mayo- res probabilidades de acierto, según deducciones- que fue a principio del siglo XV, e incluso dan como fecha exacta de su muerte, en Arjonilla, la de 1.434.
La Providencia fue pródiga y no regateó en dones al dotar a Macías de una belleza atrayente, de un talento encantador, pero le entregó también, para su mal, un alma plena de sensibilidad, henchida de espiritualidad, que vibraba a la menor ráfaga de emoción. Y este apasionamiento que a veces le hacía sufrir y a veces le hacía gozar, se reflejaba después en sus versos dulces y nostálgicos. Las Musas habían tejido para él una diadema de rosas y mirto, con singular complacencia.
Aficionado a la música, de la que era tan apasionado como de la poesía, crecía entre melodías y trovas, mientras la fama de sus endechas hicieron que su nombre se rodeara de un nimbo halagador. Era feliz; pero una ambición irrefrenable le acuciaba: quería marchar lejos para acrecentar sus triunfos. Sus padres no pudieron detenerlo, escribieron a D. Alvaro de Sarabia, tío de Macías, que contaba con la amistad del marqués de Villena, para que éste fuese su protector y así sucedió, dos meses después llegó la respuesta: “Haced presentes mis plácemes a Macías, a quien el marqués de Villena considera ya su doncel y espera con impaciencia- decía en su carta D. Alvaro de Sarabia-. Que no tarde en venir. Ha tenido suerte, y si la fortuna sigue favoreciéndole, puede subir muy alto...”
Macías no podía creer que fuera realidad esta carta, temía que sólo fuesen cosas de su imaginación. Porque, ¿de verdad le llamaba D. Enrique de Aragón, el admirado poeta, el poderoso maestre de Calatrava, el famoso marqués de Villena? ¿y, además, le había nombrado su doncel? Era inimaginable tanta dicha, ciertamente, sus trovas serían aplaudidas por toda la relumbrante Corte de D. Juan II. ¡Sería llamado por el halo de la gloria!
La última tarde que pasó en su dulce Galicia, desbocada ya su fantasía, cuando se despedía de los verdes y húmedos campos florecidos, cerca de un rió, acomodado al pie de un sauce de aterciopeladas hojas, con la dorada luz crepuscular, escuchó el trino de un ruiseñor y templando su laúd, comenzó a recitar uno de sus más melancólicos poemas: “Ruiseñor, véote quejoso.” Su canto fue interrumpido por una voz acariciadora que le llamaba, al mismo tiempo que aparecía ante él una preciosa chiquilla tocada con un vaporoso vestido blanco, rubia, frágil y de ojos celestes, era Arminda. Enamorada del trovador, le preguntó si era verdad que se marchaba y después de conversar un rato le declaró su amor, incrédula, pensó que al decírselo desistiría, pero Macías le contestó que lo sentía, pero que no compartía ese sentimiento. Deploró haberle inspirado un amor imposible, pidió al cielo que la niña fuera feliz y ésta, entre sollozos, con los ojos refulgentes de odio, altivamente le dijo:
¡Ingrato! Padecerás un amor tan desgraciado que no podrás tener consuelo y morirás entre angustias, lejos de la mujer que te traicionó.”
A la mañana siguiente dejó el pazo solariego y se dirigió, repleto de ilusiones y con el corazón ahíto de esperanza, hacia la yerma Castilla. Se despidió de los robles, de las abruptas y agrestes montañas, de la tierra celta.
Nuestro héroe había emprendido el camino hacia Castilla en busca de la gloria. Allí le esperaba D. Enrique de Aragón, Marqués de Villena, Maestre de Calatrava, un gran señor de sentimientos nobles y de fervorosa afición al estudio. Su perseverante predilección por la astrología y la alquimia le supusieron más de un disgusto debido al fanatismo de la época, pero el marqués fue rehabilitado gracias a su talento y bondad extraordinaria.
Antes de llegar Macías, el Maestre de Calatrava ya conocía algunos de sus poemas y sentía una creciente admiración por él. A su llegada, acompañado de su tío D.Alvaro de Sarabia, recibió la cordial bienvenida del marqués y de su esposa, Dª.María de Albornoz, hermosa dama de elegante figura y halagadora simpatía, aún joven y atractiva.
D. Enrique, impresionado por la dignidad de su doncel, se dirigió a su esposa inquiriendo la presencia de su dama de honor Elvira, para que Macías conociera a la joven, que después habría de ser su amada e, indirectamente, la causa de su muerte.
Beatriz, doncella de D. María, avisó a la dama y, al instante, apareció una criatura resplandeciente de belleza, que a Macías produjo una sensación indescriptible, no sabía si era de carne y hueso o una aparición celeste.
Dª Elvira de Guzmán era huérfana desde la infancia y descendía de una noble familia emparentada con el Marqués de Villena, vivía con ellos más en calidad de hija que de dama. Tenía unos quince años, ojos negros, dulce expresión y el cabello caoba oscuro.
Cuando la angelical doncella fue presentada a Macías, éste notó enseguida que algo le había hecho cautivo de la belleza de tan deliciosa doncella y sintió el magnetismo que había irradiado en el corazón de la dama, comprendiendo que su suerte estaba echada al lado de ella. Se amaron con la ilusión y la pureza del primer amor y ocultaron sus sentimientos como una ostra guarda su perla. Comenzó el idilio, Solían verse para hablar en una iglesia próxima a la mansión del Marqués de Villena. En la misa de alba, Elvira, acompañada siempre por su doncella Beatriz, charlaba amorosamente con Macías comunicándole sus anhelos y la esperanza de unirse cualquier día en matrimonio. El poeta le dedicaba sus poemas, mientras la musa, embriagada por el encanto de las estrofas se aturrullaba extasiada, después se despedían entrelazando sus manos y dedicándose una mirada de amor entrañable.
Mientras tanto, el marqués anunció a Macías la inminente presentación del doncel ante la Corte, que por aquel entonces estaba en Segovia.
El trovador se sintió muy halagado pero se estremeció de temor pensando que podría desentonar ante tan ilustres personajes. Recordemos que en aquel tiempo la Corte Real estaba plagada de grandes de las letras como Juan de Mena, Jorge Manrique, el Marqués de Santillana, D. Álvaro de Luna, Rodrigo de Cota... Sin olvidarnos del propio Marqués de Villena.
De esta manera Macias llegó a la presencia de Juan II, padre de Isabel la Católica. En una época desastrosa, escasa de riqueza pero abundante de intrigas y luchas, parecía imposible que pudieran celebrarse fiestas de tamaña suntuosidad y esplendor. Se derrochaban manjares, se competía en torneos, y las justas poéticas habían llegado a su más alta perfección.
El soberano recibió cordialmente a Macías, había leído ya algunas trovas y sabía de sus exquisiteces por los elogios del marqués de Villena y, gracias a sus innegables méritos, el gallego cayó en gracia ante el rey y sus vates más ilustres, incluyendo al propio D. Álvaro de Luna. No sólo se hizo famoso como trovador, sino como un sobresaliente justador en los torneos, despertando la atracción de bellas damas de la Corte que se disputaban sus palabras.
Elvira asistía a fiestas palaciegas, acompañando a Dª María de Albornoz. La señora, que sentía amor por joven, sospechaba que Elvira y él se habían enamorado y trataba de dar celos a su dama de honor poniendo en el alma del poeta expresiones de complacencia hacía otras damas, pero Elvira, comprendiendo las intenciones de la señora, sonreía recordando las promesas que ella y Macías guardaban en sus corazones.
Nuestro insigne personaje pronto acaparó un gran prestigio que le hizo granjear grandes amistades y elogios pero también le acarreó graves envidias sobresaliendo la de D. Alfonso de Haro, joven caballero apuesto e intrigante, además de burlador impertinente. Era un gran justador , insolente y pedante y quiso enemistar a Macías con su señor, pero como sus esfuerzos eran inútiles trató de vencerlo en un torneo. No lo consiguió a pesar de sus trepas, ganándose la fama de mal caballero y el desprecio del Marqués que lo llamó villano y traidor.
Pero una vil trampa se estaba cerniendo a espaldas de Macías, Dª María de Albornoz no podía reprimir su indomable pasión por el juvenil trovador, ni los celos que sentía al verlo platicar amorosamente y aunque se avergonzaba d aquellos pensamientos, al fin, realizó un plan diabólico para separar a Macías de su amada. Convenció a su marido para que enviase al poeta a guerrear contra los enemigos de Castilla, aunque a éste le costó decidirse.
El "Enamorado" sintió como si le, clavaran una espina cuando D. Enrique le, preguntó que si estaba dispuesto a guerrear en Navarra. ¡Alejarse de su amada Elvira! Pero no se inmutó exteriormente por el contrario, se mostró de acuerdo y satisfecho con la decisión de su señor y manifestó con palabras de orgullo y agradecimiento el honor que se le dispensaba.
Los enamorados se despidieron después de muchas lágrimas de Elvira, en una casa cerca de un río que pertenecía una anciana llamada Fuencisla. La joven cantó arrullada por las notas de la cítara de Macías. De pronto, Elvira se acercó a la orilla del riachuelo y quiso cortar una flor azul que estaba al otro lado, perdió el equilibrio al agarrarla y las bravas aguas de la corriente la arrastraron en torbellino. Macías, exponiendo su vida se lanzó al agua v salvó a su amada que todavía tenía prendida en la mano la flor.
Ya en la guerra, nuestro héroe no podía imaginar lo que se urdía en su ausencia. Los días pasaban lentos y melancólicos, tanto para él como para su amada que no tenía noticias de su poeta. No se le ocurría pensar que la hubiese olvidado o estuviese muerto. Y, sin embargo... ¿cómo podía evitar tan amarga duda?

Tan solo Beatriz, a quien, como a una hermana, confiaba sus cuitas, le aliviaba su alma dolorida, recomendándole que rezara, tuviera fe y esperara, haciéndole así más soportable el trance.
Sucedió entonces el traslado de los marqueses de Villena a una comarca perteneciente al maestrazgo de Calatrava, en tierras de Jaén, donde no lejos, en Porcuna, habitaba un rico hidalgo, Don Hernán Pérez de Vadillo, ya maduro, pero arrogante de cuerpo y espíritu, aunque más irascible que manso. Cuando vio a Doña Elvira quedó prendado de su hermosura, cayendo locamente enamorado de la dama, a la que comenzó a cortejar proponiéndose hacerla su esposa; mas la doncella no reparó siquiera en tan impertinente caballero.
No obstante, a Doña María de Albornoz no le pasó desapercibido el hecho y, por razones que todos comprenderéis, tras lo relatado, vio la oportunidad de poner en práctica sus crueles planes, que con tanta metodicidad había preparado.
Empezó por insinuar con hábil suavidad, la sospecha de que Macías había muerto en Navarra; poco a poco convirtió la sospecha en dolorosa realidad, originando en Elvira -tal y como había previsto- el terrible dolor que, para colmo, se veía forzada a fingir como si la desgracia no le afectara.
La pérfida María, amparada en la bondad de la joven, le hizo ocultar la noticia al marqués, aduciendo el hondo cariño que éste profesaba al doncel.
-No diré nada, señora –contestó con entereza Elvira cuando la señora se lo pidió-. Y vos ¿cómo habéis sabido...
No pudo continuar, un nudo cerró su garganta. Balbuceante continuó...que Macías había muerto?
- Lo sé por su tío, D. Alvaro de Sanabria –que por cierto se halla enfermo de mucha gravedad, según me dice en su carta-, me comunicó sigilosamente la triste nueva.
Pasaron unas semanas y la marquesa comenzó a elogiar los méritos de D. Hernán Pérez de Vadillo y a ponderar su fortuna.
Pero la doncella oía con indiferencia tales alabanzas.
Cuando la marquesa creyó abonado el terreno se atrevió a dar el paso definitivo. Habló a su marido del asunto indicándole la necesidad de casar a la joven por motivos de edad. El marqués no encontraba tanta premura y preguntó su vez que habría que buscarle marido; en ese momento Doña María recomendó al caballero de Porcuna que con tanto ahínco cortejaba a Elvira, alabando ante su esposo su categoría y predisposición.
Convencido con las artes de las que sólo las perversas mujeres saben hacer gala, Don Enrique de Villena llamó a Elvira y la conminó a casarse a pesar de declarar que no lo amaba ni lo amaría nunca. A tal aseveración, el marqués indagó preguntando si quería a otro. Elvira vaciló, como si intentase declarar su secreto; pero, llorando, no contestó.
A Don Enrique le pareció inhumano forzar la voluntad de la joven, pero ante la continua insistencia y el empecinamiento de su esposa, le aconsejó el matrimonio con el pretexto de que no debía desaprovechar una ocasión que le proporcionaría una apetecible felicidad.
De esta manera se sacrificó el amor de Macías y Elvira por la pasión de una malvada mujer.
Mientras tanto, nuestro héroe combatía valerosamente por los campos de Navarra y Aragón, recibiendo tres graves heridas y cubriendo de gloria su nombre. Estaba satisfecho, pero él sólo pensaba en Elvira. Sabía que ella lo esperaba y era necesario apresurar el regreso.
Como premio a su bravura, le dieron la anhelada licencia, y aunque sus heridas no habían cicatrizado lo suficiente, no dudó en ponerse en camino. Este le pareció interminable.
Cuando llegó a Segovia le informaron que su bien amada no estaba en Castilla. "Cerca de Jaén..." -le indicaron-. y corrió hacia nuestra tierra.
Pueden imaginarse con qué alegría le recibió el marqués y con qué reserva lo saludó Doña María.
-¿ Y Doña Elvira ? -inquirió el doncel, sin poder reprimir su ansiedad.
El Marqués contesto, muy complacido:
-Elvira se casó con un rico hidalgo.
Macías, preso de espanto, indignación y amargura no podía dar crédito a lo que estaba oyendo.
Entonces relató el juramento de amor que se habían hecho los jóvenes y proclamó que ella lo había traicionado y mientras, infeliz, casi desvanecido, recordó a la gentil amiguita de su Galicia natal, y recordó su maldición: "Padecerás un amor tan desgraciado que no podrá tener consuelo, y morirás entre angustias, lejos de la mujer que te traicionó ".
El doncel estuvo a punto de morir de angustia y melancolía de no ser por la marquesa, que arrepentida, con solicitud, delicadeza y ternura de madre lo atendió.
Una vez recuperada la salud y amortiguada su desesperación, porque la misma fuerza de su amor le sostuvo y reavivó, empezó a reconquistar su fe en el amor de su musa.
-"No puedo creer que haya dejado de quererme", -se repetía, y este pensamiento le alentó-. Escribió a su amada y, recordando a Beatriz, la fiel doncella, pensó en confiarle la carta para que la entregase a su amada.
Beatriz seguía prestando sus servicios a la desconsolada Elvira, la esposa dolorida del rico Hernán Pérez de Vadillo, que a pesar de su rudeza, la quería, aunque no podía conseguir la más leve mueca de asentimiento por parte de su amada.
Cuando Beatriz estrechó la mano de Macías, las lágrimas se derramaron por sus mejillas y, sin dilación, contó al trovador la verdad detallada, el sufrimiento que embargaba a su dueña y las terribles intrigas urdidas por Doña María.
Entonces, Macías entregó la carta a Beatriz y a pesar de que ésta presuponía el tema escabroso, considerando la misiva de amor como algo no muy conforme con la rectitud, él la convenció de que su amor era santo. Ante tanta exaltación, Beatriz decidió complacer al poeta y le indicó que al día siguiente le traería la respuesta de su señora.
El gallego sintió un alivio al escuchar, al día siguiente, que su esperanza se veía correspondida y Elvira no había dejado de amarle. A partir de entonces no se interrumpiría la correspondencia entre ambos, haciéndose cada vez más intensa, hasta el punto de que el ignorante hidalgo de Porcuna no tenía ni la más leve sospecha.
Como la pasión del joven se exaltaba cada vez más con el paso del tiempo, Hernán Pérez llegó a enterarse de los novelescos amores de la pareja y, aunque incrédulo, no tuvo más remedio que rendirse a la evidencia. Entonces se sintió terriblemente indignado; no culpó a su esposa, sino que pensó que era víctima de aquel "extraño loco", y sólo sobre éste descargó sus iras. Lo hubiera matado, a no ser porque temió irritar al Marqués de Villena, que como sabemos tenía en gran estima a su doncel.
Apaciguados sus primeros impulsos, visitó al Marqués y le relató lo sucedido ante la sorpresa de éste que le preguntó si no era una equivocación
Hernán respondió que desgraciadamente no lo era y que su deshonra era pública y ridiculizante, por lo que pidió al marques un castigo para el culpable, o de lo contrario se tomaría la justicia por su mano.
El Marqués prometió que reprendería severamente a Macías, y así lo hizo llamándolo inmediatamente y reprochándole su proceder.
El doncel puso al corriente al Marqués de lo sucedido, aunque, no obstante, éste conminó a Macías para que desistiera de cortejar a la dama, pero todo fue imposible, ni los consejos, ni las súplicas, ni las amenazas consiguieron que "El Enamorado" desistiera de cantar sus trovas llenas de pasión a Elvira, haciendo crecer, cada vez más, los celos del hidalgo esposo.
D. Enrique, muy enojado con el curso de los acontecimientos, y temeroso de que todo acabase en tragedia, acordó encerrar en la torre de Arjonilla -dependiente del maestrazgo de Calatrava- al infortunado trovador, para ver si así se curaba, meditando en la soledad de su retiro.
Pero sucedió al contrario, la soledad de los muros del castillo exacerbó su amor y a su vez hostigó aún más el coraje del ofendido Don Hernán, azuzado, incluso, por las insinuaciones de gente escandalizada, que le hizo correr hasta la torre para retar al trovador.
De las versiones que refieren la muerte de nuestro héroe, vamos a contar las dos más verosímiles.
La primera dice que cuando llegó el hidalgo a la torre de Arjonilla, sediento de venganza, vio al prisionero asomado a la ventana recitando la sentida endecha, melancólica y ardiente, dirigida a su musa. El fuego de aquellas estrofas irritó tanto a Hernán Pérez, que montando en cólera, arrojó su lanza contra el indefenso poeta, quedando allí mal herido y expirando poco después con una solo palabra en su boca: Elvira.
El infante don Pedro de Portugal, en una segunda versión, da como seguro que el hecho aconteció así:
Cuando los dos rivales se encontraron en un camino por donde acababa de pasar Elvira, cabalgando sobre un precioso alazán, de pronto oyó una voz que estremeció todo su ser. Alguien la llamaba... Se detuvo y con una honda emoción contempló a Macías que la miraba extasiado.
-¿ Quieres apearte un momento? .Yo te ayudaré.
-¡Oh, no, no! ¡Qué desatino!. Me vigilan, y creo que también me siguen. Si Hernán nos sorprendiese...
-¿ Qué me importa?
-Aléjate sin tardanza, te lo suplico.
Sacó de su pecho una cajita de plata, y de ella una flor marchita.
Era la flor azul. Macías saltó de la caballería, pero apenas había dado unos pasos cuando se oyó a lo lejos el galopar de un caballo.
-¡Es Hernán! -sollozó Elvira con espanto-, ¡Huye, huye pronto!. De un brinco se acomodó sobre su alazán y lo espoleó vivamente.
Macías se arrodilló y besaba las huellas de los menudos pies de su amada, cuando lo sorprendió Pérez de Vadillo.
-¿ Qué hacéis ahí? –indagó iracundo-

-Besaba el polvo que ho1laron los pies de mi amada.
Enloquecido por la respuesta, el hidalgo no vaciló en cometer un asesinato; atravesó con su lanza el pecho del trovador y huyó en un desenfrenado galope hacia el reino de Granada, donde se refugió.
El entierro del Macías fue de una solemnidad indescriptible. El rico ataúd, cubierto de flores y conducido por los más prestigiosos hidalgos, acompañados por el marqués de Villena, fue depositado en la iglesia de Santa María de Arjonilla (Santa Catalina, dicen algunos cronistas), donde quedó sepultado. Sobre su tumba, en una lápida de mármol blanco, reza la inscripción: "Aquí yace Macías "El Enamorado". Pero se asegura que él había escrito este bello epitafio:
"Aquesta lanza sin falla,
¡Ay costado!
non me la dieron del
muro
ni la prisé ya en batalla
¡Mal pocado!
Mas viniendo a ti seguro,
Amore falso e perjuro
Me firió e sin tardanza
E tal fue la mía andanza
Sin ventura”.

Cuando la marquesa se enteró de lo sucedido, se retiró a un convento para apagar su remordimiento. Elvira visitaba todos los días la tumba, sobre la que depositaba, entre lágrimas y plegarias, una flor azul...

Aurelio Ortega Barrera


El ALBARRÁ es el nombre de un yacimiento de arcilla que existe en Arjonilla, Jaén. Desde los tiempos en que los árabes nos dominaban se ha extraido material, lo que ha producido una enorme hondonada que ha sido inundada de basuras a lo largo de los años, ha servido de lugar de juego para muchas generaciones y ha servido de reunión, en su parte más baja, de las aguas residuales emitidas por este bello pueblo de cal y barro.
Actualmente, despues de la elaboración de las normas subsidiarias de planeamiento urbanístico, Arjonilla es un pueblo modelo de construcción, abundando los enfoscados blanqueados y la proliferación de arcos de ladrillo visto.
Son muchos los visitantes que copian con su cámara fotográfica las elegantes fachadas que deben su firma a un gran arquitecto local: Luis Alonso Salcedo Jiménez, que nos dejo de forma imprevista, pero firmó con su impronta la categoría de este precioso pueblo jienense, blanco de cal, oro de aceite y verde olivo.
Fueron arjonilleros ilustres el eminente filósofo García Morente, el jesuita Juan del Villar, gramático del S.XV que escribió una de las primeras gramáticas de la lengua española, Antonio de Jaén, extraordinario poeta, guionista de cine y magnífico locutor, el pintor Matías Ruz, ganador en varias ocasiones del premio Año Santo, en Roma, donde residió casi la mayor parte de su vida. Actualmente vive plácidamente bajo los cuidados de su discípulo Juan Cuesta, otro importante pintor.
No olvidaremos a Marchá, pintor hiperrealista de gran proyección tanto en España como en Europa, EEUU y algunos países árabes.
Un personaje digno de citar fue Macías, conocido como "El Enamorado", trovador del medievo que fue trágicamente asesinado como consecuencia de un amor imposible.
Son célebres nuestras fiestas en honor de San Roque que tienen lugar del 14 al 18 de agosto. Este año se cumplen cuatrocientos desde que las autoridades de aquel tiempo decidieron comprometer un voto con el santo, por el que se imponían la abstinencia el día de su onomástica, con motivo de su intervención en favor de la salud de los habitantes del lugar que habían sido presa del terrible mal, plaga de aquella fecha: la peste. Hablamos de Marzo y Abril de 1602. El cese de la enfermedad a finales de este último mes, suscita en los arjonilleros un sentimiento de gratitud hacia el Santo y realizan un Voto el 20 de Mayo por el que se comprometen a celebrar perpetuamente la onomástica de San Roque.
Es costumbre almorzar potaje de habas con berenjenas o bacalao frito el dieciséis de agosto. También ese día, como aperitivo, las autoridades ofrecen al pueblo un ponche con patatas fritas, cantándose canciones tradicionales, tipicas de un elenco cultural que se mantiene a lo largo de los años.
El voto no fue aprobado canónicamente hasta 1642 por el Cardenal D. Baltasar de Moscoso y Sandoval. La fecha de 1602 es el inicio de una devoción patronal muy enraizada, transmitida a través de las generaciones precedentes, tanto desde el poder civil como desde la iglesia local y su jerarquia diocesana. San Roque es el modelo principal de vida cristiana, de santidad, de sacrificio y de unidad entre todos los arjonilleros.
Son muchos los padres que bautizan a sus hijos e hijas con el nombre del Santo, y, hay una verdadera disputa para llevar sus andas el 16 y 17 de Agosto, cuando es procesionado, reproduciéndose cada año las muestras de fervor y devoción al Santo de Montpellier.

EL GOL MÁS IMPORTANTE
Miguel era un muchacho a quien le gustaba mucho el fútbol. De hecho, pertenecía a un club muy popular en su barrio. Siempre que su equipo jugaba se veía al padre de Miguel en las tribunas, alentando al equipo de su hijo.
Sin embargo, había un detalle: el entrenador nunca consideraba a Miguel como titular y las pocas veces que lo hacía saltar al campo, él jugaba con desgana y mal. A pesar de eso, Miguel siempre iba acompañado de su padre a los partidos y siempre se veía a su padre como el más entusiasta de los hinchas.
Sucedió que un día antes del partido más importante de esa temporada, el padre de Miguel cayó enfermo y no pudo asistir. El día del encuentro, ya en los vestuarios y mientras los jugadores se preparaban para el partido, el entrenador recibió una llamada. La noticia recibida le puso un rostro de consternación. Al terminar, se dirigió hacia Miguel lentamente. Necesito hablar contigo un momento, le dijo.
Miguel, la llamada que acabo de recibir era de la clínica donde está internado tu padre. Hace una hora entró en coma cerebral y me acaban de decir que ha muerto en brazos de tu madre…
Al escuchar esto Miguel se puso a llorar desconsoladamente.
Tienes que ser fuerte muchacho, le decía el entrenador.
De pronto, retirando las manos del rostro, con voz serena y lágrimas en los ojos, pero con una gran determinación, Miguel le dijo al entrenador:
-Quiero jugar este partido. Quiero que me deje jugar, aunque sea unos minutos.
Sorprendido, el entrenador no podía creer que después de darle una noticia tan terrible, el muchacho tuviese ánimos para jugar. Lo pensó por un momento, y diciendo para sus adentros que jugando unos minutos no afectaría al rendimiento del equipo, le pidió que se cambiara, que jugaría desde el principio, al menos el primer tiempo.
Esa tarde Miguel no falló un pase. Fue una muralla infranqueable. Tan bien jugó que el entrenador lo mantuvo en el campo todo el partido. Incluso el gol que le dio la victoria a su equipo fue obra de Miguel.
Las tribunas enloquecieron coreando su nombre. Fue sin duda, el partido de su vida. Al final del encuentro, y ya cuando todos los jugadores se habían retirado a celebrar el triunfo, el entrenador encontró a Miguel parado en la cancha mirando hacia la tribuna en donde tantas veces se había sentado su padre para animar a su equipo. Al acercársele, notó que el muchacho aunque con lágrimas en los ojos, miraba hacia la tribuna fijamente,
-Miguel, quisiera tener las palabras exactas con las cuales poder reconfortarte en estos momentos. Sé la estrecha relación que tenías con tu padre y creo saber cuánto te ha afectado. Hoy has jugado como nunca te he visto jugar. Y aunque quizás no sea apropiado preguntarte ahora, me gustaría saber por qué quisiste jugar esta tarde, Miguel.
Miguel miró al entrenador y le dijo:
-Mire, muchas veces usted vio a mi padre sentado en la tribuna ¿verdad?
-Sí, siempre venía para animar al equipo aunque supiera que tú no ibas a jugar.
-No señor –le interrumpió Miguel- Mi padre no sabía que yo no jugaba. Mi padre era ciego, señor.
Unas lágrimas recorrieron nuevamente el rostro del muchacho.
Por eso cuando me tocaba jugar, yo no jugaba bien porque sabía que él, a pesar de estar en la tribuna, no me veía. Yo siempre al final de los partidos le decía que había hecho tal o cual jugada y notaba como se le iluminaba el rostro de satisfacción… Sin embargo, esta tarde yo sí sabía que él me estaba mirando desde el cielo, por eso, yo me esforcé mucho para que el me viera jugar bien.
Gracias señor, gracias por haber permitido que mi padre me viera jugar fútbol por primera vez….
En ese momento, el muchacho se abrazó fuertemente al entrenador, desahogaron su pena y su dolor. Desde ese día, Miguel no dejó nunca de jugar un partido y siempre que convertía un gol, se acercaba a la tribuna donde se sentaba su padre, mirando y levantando las manos hacia el cielo…

Mira hoy a tu hijo si lo tienes o cuando lo tengas… Y nunca dejes de mirarlo… Más que con los ojos, míralo con el corazón…






En construcción
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Hace unos años, nuestro Perico con su tita.
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A la izquierda Francisco, algo más arriba, a la derecha, Pedro José
Por un único Rebaño

¡Bendita Locura!
Para muchos seres humanos Dios es el Creador, el origen, la fuerza vital; pero les falta descubrir que es "alguien con un sentir de Padre que vive preocupado por sus hijos".
Los hay huérfanos de amor y los hay huérfanos de Dios, porque nunca han experimentado su paternidad y su ternura. De estos Jesús dijo: "tengo otras ovejas que no pertenecen a este redil; a esas tengo que guiarlas para que escuchen mi voz y se forme un solo rebaño con un solo pastor".
Cuando mi hermana me dijo que iba a tener otro niño, que qué me parecía, mi primera reacción fue de sorpresa, en segundos experimenté otra sensación de recriminación hacia su entusiasta locura, pero mi respuesta no se hizo esperar, un tercer pensamiento le manifestó mi comprensión, mi apoyo. Después le pregunté que por qué no una niña, y me contestó que era un niño el problema que le habían planteado los servicios sociales, un niño que había sido desamparado en precario estado físico, en inhumanas condiciones, como ni los animales son capaces de abandonar a una de sus crías, una criatura de Dios cuyos padres habían sido irresponsables transmisores de vida.
Pero gracias a la Omnipotencia y Providencia de Dios que ha compensado a la humanidad con personas desprendidas y buenas como mi hermana y mi cuñado, aunque pueda ser subjetiva mi apreciación, hoy contamos con un nuevo sobrino, con un flamante arjonillero.
Muchos han mostrado su incomprensión ante su maravillosa locura, pero si los dos están de acuerdo nada como un hijo para dar vida al matrimonio. Además los más cercanos estamos dispuestos a echar una mano.
Nunca he entendido ni entenderé la actitud egoísta de las parejas, y más si son católicas, que rehuyen tener descendencia en los primeros años del matrimonio, ni la de aquellas que lo dejan para más tarde. ¿Con qué fin se han casado? ¿Cuál ha sido el uso que han hecho de su libertad si se han atado al egoísmo del placer y la buena vida? Para eso están los que no se casan.
No hay mayor pecado que casarse, poder tener hijos y no tenerlos, ni mayor pena que no poder tenerlos y lamentarse toda la vida sin mirar a nuestro alrededor y ver cuantos problemas como el de mi Mari Pili podemos resolver. No vamos a hablar de los que tienen tantos medios y no son capaces de hacer feliz a estas criaturas que el desorden moral ha creado.
Cuántas criaturas nacidas del vicio, no deseadas por alguno de sus engendradores o por ambos, son abandonadas con vida, tiradas al cubo de la basura o a los contenedores de algún hospital abortista, pueden hacer agradable la espera de una familia, aunque este parto dure más de treinta meses como el de Francisco, mi nuevo sobrino, una criatura preciosa, con pequeñas secuelas producto de los malos tratos de unos seres desalmados que lo dejaron abandonado. Lleva sólo unas semanas entre nosotros y ya ha establecido su parentesco con cada uno de nosotros llamándonos a cada uno según la relación del árbol familiar. Dice: ¡Mamá! Con unas ganas impresionantes y una querencia increíble, como si se fuera a ir y lo dejara. Papá, lo expresa con entusiasmo y una sonrisa enorme de su hermosa boca. Tito y tita, con fogosidad, abrazándose a nuestras piernas y llenándonos de babas por todos lados, pues empiezan a blanquear sus primeros dientes y ya sabemos todos los padres lo que eso significa. A su hermano Pedro José, como decir Pedro le cuesta más trabajo, le dice José y lo abraza a cada momento. Mira por encima de los anchos cristales de sus gafas, porque su menuda nariz no tiene suficiente entidad para sujetar sus astigmáticas lentes.
Mi Perico ha aceptado a su hermano con el mismo cariño con el que él fue acogido. Todo el tiempo esta pendiente, juega protegiéndolo de cualquier peligro, le regaña con cuidado en cuanto se desliza, que es casi siempre. Cuando se relaciona con nosotros hay momentos en que aparece cierta pelusilla, pero no hay duda de que a sus casi siete años, mi morenillo tiene cierta madurez, ya ha hecho a su hermano hincha potencial del Real Madrid. No puedo olvidar aquella calurosa tarde de finales de Agosto, cuando vino de Guatemala con sus padres. Después de un agotador viaje de más de trece horas entre aviones y escalas, su tía y yo lo estábamos esperando con otro avión, pero éste de pedales, como regalo de bienvenida. Algo aturdido por el recibimiento y los besos y abrazos que le dispensamos, inmediatamente lo tomé y lo acomodé en el aeroplano paseándolo calle arriba y calle abajo, desde ese momento hay una química especial, una relación de cariño que no se puede distinguir de la que puedan tener los consanguíneos, aunque teniendo en cuenta que mi grupo es el cero negativo no hay incompatibilidad, permítaseme la fácil relación.
Una nueva vida ocuparía en parte el vacío que al mes aproximadamente iba a dejar mi querida Isabel, para la que Dios tenía mejores planes en el Cielo. Con resignación cristiana aceptamos el inescrutable designio divino y con alegría contenida, aunque no por eso menos honda (y ahora desbordante), integrábamos en nuestra familia unida esta pequeña y preciosa aportación de tan ancestral cultura, no sé si maya o turtega, pero al fin y al cabo una preciosa perla a la que queremos infinito, es imposible quererlo más. De Francisco puedo decir que ya estamos casi en las mismas magnitudes de cariño.
Finalizo estas líneas diciéndole a mi querida hermana, que le agradecemos su "locura", porque como Santa Ana no ha sido estéril en este mundo. Son estériles las que matan su cuerpo, su alma, sus sentimientos, las que no tienen esperanza, ni amor, como el que tú regalas por donde vas. No se puede planificar mejor que Dios, como quieren algunas parejas. Cuando Él quiere todo llega a suceder. Y a ti, querido cuñado, aunque tus sentimientos son humanamente profundos, y te das cuenta que todavía sin creer en ciertas cosas El las hace por tí sin tu saberlas, quién hace tu amor sino Dios, quién te mueve a realizar tantas labores humanitarias sino Él. Mi Piluchi vive una práctica religiosa activa, cerca de Dios ha aprendido que no podemos dejar solos a los desamparados, tú corroboras esta doctrina con tus sentimientos de solidaridad. Sois un ejemplo para la comunidad cristiana de Arjonilla que muchos deberían seguir.
Lanzo al aire unas últimas preguntas dirigidas a los que no respetan la vida: ¿qué hubiera pasado si Francisco no hubiese nacido? ¿Cuántos niños pasan hambre o mueren cada minuto que pasa? ¿Cuántos matrimonios viven una vida triste porque no les alegra la presencia de un hijo? ¿Paternidad responsable o disfrute irresponsable?
Aurelio Ortega Barrera©Diciembre2000

PAZ PERFECTA

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron.

El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.




La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, él miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en su nido...
¿Paz perfecta... ? ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?
El Rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué?

El rey explicaba que "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz."
¿Y tú... ?.... ¿sabes dónde o con quién está la verdadera paz de tu corazón?...

Texto de Mª del Carmen Anzulovich


CARTAS A LA ABUELA ENCARNA

AÑO 1.999
Enero
Querida abuela Encarna:
Quisiera comenzar mi carta con un recuerdo, especialmente cariñoso, dirigido al entrañable Joaquín Ramírez Sanz, cuyas cenizas quedaron esparcidas entre los olivares de Arjonilla, por deseo propio, para que su alma en cada partícula disfrute cerca de la tierra y de los amigos y familiares, a los que tanto quiso y ensalzó con sus sonetos y su prosa sencilla y afectuosa, a través de las páginas de la revista parroquial y del programa de festejos que anualmente edita el consistorio. Encontramos en su partida una señal del Buen Dios que quiso que compartiera con Él en la gloria esta Navidad. Su deseo era pasarla en su pueblo, o como mínimo con sus hijos y esposa, a los que me unen tantos lazos de amistad, allá en su ciudad adoptiva, pero siempre a las órdenes del Supremo. Como buen militar y fervoroso creyente, no podía por menos que acceder a los designios del Sumo Hacedor. Hasta el último momento debió tener presente en su mente a su pueblo y sus paisanos, más de un afectuoso amigo tuvo que ser recordado por su mote como tantas veces citaba en sus escritos, quizás se acordó del que hasta ahora fue el viejo portal de Belén, y, disfrutó, viendo desde el cielo, con toda seguridad, del decorativo y original misterio que nuestros decoradores y decoradoras, tantas veces ponderados en mis cartas, colocaron en el púlpito de nuestra iglesia. Símbolo de cómo a nosotros nos hubiera gustado que naciera nuestro Redentor, abrigado con lujosas telas y en lo más alto de un áureo trono, aunque en este caso no nos hubiera dado ese ejemplo de humildad y sencillez que nos dio en el pesebre. Pero ahora, nuestra vida ha evolucionado y nuestra riqueza la manifestamos dándosela a nuestro Dios. Valga entonces como barroca expresión de nuestros deseos de ensalzarlo. O piénsese que con los regalos de los Magos de Oriente nuestros artistas han recreado la situación utilizando el oro, el incienso y la mirra, junto a las telas adamascadas.
El testimonio que nos da Joaquín en su “Cara y Cruz de la Nochebuena”, denota su gran bondad, expresa su incansable deseo de paz en la tierra, en el lecho del dolor nos quiere transmitir que la familia es un vínculo maravilloso para ahogar todas las penas, y, a pesar de sufrir los avatares del 98 al que llama para él “fatídico año”, tengo la completa seguridad de que se aferraba a la vida con todas sus fuerzas, no tuvo el más mínimo miedo y como los del famoso Séptimo de Caballería, cumplió su más alta misión con las botas puestas, con todo el honor que guardaba para Dios y pensando en aquellas benditas migas que el abuelo de su recuerdo escrito le había hecho para pasar su mejor Nochebuena. Ahora desde el espacio sideral, el paraíso celestial, nos escribirá de nuevo para decir que la mejor Nochebuena la ha pasado en el Portal de Belén junto a Jesús, María José, la mula y el buey.
Estarás bien abrigada, querida abuela, pues España se ve aterida por otro invierno frío y ahora que te has ido no puedo por menos que recordar, contigo en la distancia, los intensos momentos familiares que hemos pasado juntos, ganando algo de peso con los dulces típicos de la Navidad, y, sobre todo, con ese pedazo de cochinillo con el que tu biznieto nos obsequió y que casi nos hace aborrecer tan apreciada especie, de seductores andares. Hemos descubierto unas maravillosas trufas que han sido el manjar preferido en las sobremesas y pasados unos inolvidables momentos, algunos de tus nietos, cenando la noche del 30 junto a Eduardo Navarrina y Maribel, en el restaurante que aparece sobreimpresionado en el ángulo inferior de la mayoría de mis cartas, más que nada porque tratándose de un amigo inmejorable, que menos que hacerle propaganda entre tus amigas cuando les das a leer mis cartas. Como era su día libre, Eduardo se sentó a la mesa con nosotros, al menos un rato, puesto que debido a su temperamento nervioso e inquieto, a la vez que trabajador incansable, no podía ver a sus compañeros en el tajo y él allí, siendo servido por sus “discípulos” (debió pensar: “yo no he venido a ser servido, sino a servir”), por lo que se puso su traje de media etiqueta y como Cantinflas en “El Subibaja” ora voy, ora vengo. Le dijimos que nos pidiera lo que él quisiera, y encargó un poquito de excelentes preparados. Unas chistorras exquisitas, marca de la casa, para abrir boca, croquetas con una bechamel de dulce, unas almejas con alcachofas para chuparse los dedos, unos cardos con una salsa increíblemente afectuosa al paladar, que me hicieron recordar cuando en mi infancia me ponían esta verdura cocida y exclamaba: ¡no quiero cardos borriqueros!, dejándome llevar por lo delicado de esta edad, en la que no se aprecian las buenas dotes culinarias de quienes nos rodean. Finalmente cada uno eligió un plato final, que en mi caso apuntó hacia una recién sacrificada merluza a la ondarreta u ondarroeta, ya me corregirá quien corresponda, que, como todo, estaba para felicitar al cocinero, que aunque el hombre estaba algo indispuesto, si que manifestamos nuestros deseos a su agradable esposa con la que coincidimos en nuestro camino hacia el aparcamiento, una vez tomada la copita de rigor en una taberna moderna, según los sajones “pub”, con una música agradable y sólo con nuestra propia compañía. No recuerdo el nombre de tan agradable lugar, pero si algún día vas al “Dantxari”, enfrente, en la esquina, lo tienes; especialmente diseñado y pensado para los carrozas, a partir de los dos volúmenes. (Entiéndase de un volumen a los carrozas de menos de 25 años, de un cuerpo; de dos volúmenes a los mayores de 25, es decir, de dos o más cuerpos, en todos los sentidos).
La recolección de la aceituna, cuando leas mi carta, posiblemente haya finalizado. Debido a las contradicciones atmosféricas, por las que a los años de grandes lluvias están sucediendo otros de sequía pertinaz, como este, hasta el momento, por lo que los olivareros se quejan y piden precipitaciones. Esto me hace recordar aquello de que nunca llueve a gusto de todos. Si bien es cierto que los fabricantes y consumidores estamos de enhorabuena, porque esta cosecha está dando el mejor aceite del siglo.
Los que también han ganado han sido los caminos, cuyo arreglo los ha dejado en buenas condiciones, si exceptuamos la recomposición del puente del camino a Lopera, que parece va para largo. También han ganado los vecinos que habitan en las rutas de los tractores, al no conquistar el barro el asfalto, siendo de esta manera más fácil la limpieza, con ese “Tamagochi” con regadera y escobas que tan diestramente maneja el amigo Salcedo, o por las hacendosas amas de casa que de siempre se han caracterizado en nuestro pueblo por tenerlo como una patena de limpio. Con las normas de tráfico aplicadas se ha favorecido el tránsito por el centro, haciéndolo más fluido.
Este año no nos han podido regalar un pluviómetro y una escoba mágica para barrer la puerta, como sugería hace un año, pero para que asistiéramos a cenas, celebraciones y demás saraos, no “con esos pelos” como se suele decir, nos han enviado un peine con retrovisor, por si queremos saber si nos siguen. También, a primera vista, parecía un erizo republicano de juguete. Cuando vi el sobre, pensé que era algún mantecado especial fabricado expresamente para la ocasión. Comencé a palparlo y cambié de opinión, suponiendo que sería un monedero para guardar el dinero de las exacciones. Abrí el sobre, de un sólo apretón, agarrando el ángulo superior derecho y, sorprendido por el contenido, elucubré acerca de pensamientos ajenos sobre el objeto. Habrán creído que no nos peinamos bien, que los peines que usamos no son los adecuados, nos querrán tomar el pelo, cómo se lo habrán tomado los calvos, eso es que quieren que sepamos lo que vale un peine, pensarían mandarnos un crisma y nos han enviado algo para la crisma. Se agradece el detalle, aunque cuando las cabelleras están muy pobladas las púas se esconden cual erizo defendiéndose. Si estamos algo descabellados en cualquiera de los sentidos, servirá para rascarnos y recobrar las buenas ideas o percibir el gustillo de cuando te pica el observatorio, que diría mi padre. Después he oído comentarios de mal gusto que no vienen al caso en esta carta. Pensando en positivo, como bien dice mi querido amigo del regio brandy, bien podría ser uno de los adminículos, especialmente preparados para el “Agente 007” , para espiar bellezas en la piscina, para utilizarlo como arma mortífera de venenosas puyas, prestárselo a cuantos se nos olvida el peine en ese lugar o para preguntar quién es más bella si Blancanieves o la que se mire.
Tus amigas y amigos que habitaban la residencia, preguntan ansiosos por la reapertura. Desde que se cerró han sucedido muchos acontecimientos que te relaté durante tu última visita, comenzando por la solemne puesta de una simbólica “primera piedra”, encima de las que han subsistido, con la asistencia de conspicuas autoridades, con sus acólitos y curiosos adjuntos, como en las mejores épocas de inauguraciones de pantanos y monumentos, que la cabra tira al monte como se suele decir; hasta sentencias favorables a los trabajadores, cuyas esperanzas de readmisión están bajo mínimos. La impresión que sacamos de todos estos fastos fue que hacia la finalización de este primer trimestre estarían rematadas dichas obras. Así que, como te decía en mi carta de las pasadas Navidades, espero que en el menor tiempo posible puedan volver a su pueblo, y ya que no han podido disfrutar de las fiestas navideñas últimas, puedan hacerlo al menos durante las próximas, cosa más que probable.
Nuestro ya dilecto reloj del paseo, que en este momento da las cinco de la tarde en punto, coincidiendo con el horario real, la noche de fin de año, como en él es costumbre, tuvo que dar la nota, bueno, no dio ninguna nota campanera, como si quisiera vengarse a la hora notoria de las doce campanadas, por haber sido tanto tiempo un reloj dibujado, sin alma, simulado, así que, se declaró en huelga, tal como si quisiera anclarse en el milenio, o, a lo mejor porque no entiende de “euros” y quiere seguir cobrando su trabajo en pesetas. Entonces, alguien dio las campanadas, con un ligero retraso, a golpe de botella y una cuchara, mas o menos como en otro pueblo de nuestra latitud que se quedó sin luz y tuvieron que darlas con una sartén y un cucharón.
Tampoco este año me he enterado de lo que te han echado los Reyes, porque cómo te has ido antes. Ya me lo contarás cuando contestes, en tu próxima. La cabalgata ha sido bastante puntual, si tenemos en cuenta que por motivos de recolección siempre ha costado decorar los remolques y cumplir con el horario de salida. El consuegro del tío Nicolás cogió una lumbociática de agacharse para coger caramelos en su zaguán. Algunos pajes reales deben regular su fuerza a la hora de lanzar los dulces proyectiles, pues más de uno ha resultado con el ojo amoratado por los impactos.
Quedándome con las concurridas y solemnes fiestas religiosas a las que asistimos juntos, deseando que transmitas a todas tus amigas mis deseos de paz y felicidad para este bien nacido año, recibe el cariño inmenso que siempre te profesa tu nieto,
EL ROQUE.

Febrero

Querida abuela Encarna:
Los senderos que paseo a diario, cuando la tarde está en todo su apogeo, me recuerdan hasta los menores detalles del pasado feliz que fue mi infancia y mi adolescencia, en cuyos momentos me deleito, perseverando en mí con más ahínco aquellas actitudes de candor, que no son, precisamente, las mismas de los infantes y adolescentes de esta época, en los que se está instalando con mayor facilidad el deseo y el desorden espiritual de los mayores.
Hace unos días, tu nieta y yo, recorríamos el camino de la fuente Escribano, entre rumores de máquinas cortadoras, tractores que araban entre olivos. Sentimos los lamentos de la tierra, al remover surcando su tristeza, y en silencio zigzagueante y rutinario, a los hombres que abonando esperan, que el próximo año sea mejor cosecha. También, de vez en cuando el parpadear de una candela y el crepitar de las hojas de olivo que cumplida su misión ha sido cortada y llevada a la hoguera, cuyas pavesas vuelan tanto como la velocidad del viento, posándose algunas en nuestras cabezas, anticipándonos el miércoles de ceniza, aunque sólo bendecidas por Eolo.
Nos acompañaba la perra del tío Nicolás, Leyla, quien agradecida por el paseo campea a sus anchas haciendo todas las travesuras que puede; a veces cesa, e inmóvil y silenciosa husmea entre los agujeros que dan cobijo a topos y otros habitantes habituales de nuestro campo; de repente, escarba con inusitado frenesí, agitando sus extremidades delanteras, se cansa pronto y desiste emprendiendo una corta carrera hasta alcanzarnos. Olfatea el escaso musgo de las lindes y sin cautela, con su pueril ignorancia traspasa los alambres que bordean los peligrosos y hedientos depósitos de detritus oleicos que separan y marcan el camino hasta llegar al Majuelo, y que sirven de fertilizante. Enérgicamente le imprecamos y renuncia a su intento de buscar en el alpechín impregnándose las patas con los restos del oro líquido, que más tarde, al hundirse en los posos arenosos de los arroyos, se desprenderán al secarse junto al barro, viniéndome, al punto, viejas imágenes de arreglos de cadenas de bicicletas y fatigas a la hora de quitarnos la grasa de las manos, acudiendo al recurso de la arena seca.
La resistencia de los milenarios y retorcidos olivos hacen el paisaje invariable en el tiempo, parece como si tuviese guardado los secretos que bruscamente, en primavera, revelará con prodigalidad de hierbas, manzanillas, tomillo y nazarenos. Las hojas de los olivos jóvenes brillan con sus plateados tonos, en contraste con los viejos de corteza oscura carcomidos y rotos por el inexorable paso de los tiempos; en este invierno seco y frío que te produce melancólicos y sentimentales anhelos, sólo el resquicio de la tarde da un suspiro de sol aprovechable.
Comenzamos a bajar la cuesta y nos detenemos en la fuente, fuente que habitan las ranas, junto a las inmundicias que nuestra poca educación ha lanzado en el interior del aljibe. ¿A quién corresponde la limpieza de esa fuente de agua limpia y cristalina, posiblemente potable? Por historia se merece cierta declaración de interés y por su utilidad un buen y decoroso arreglo, que proteja su entorno y puedan mitigar la sed de todos los seres, animales y racionales, cada uno en su sitio. Los batracios asustan a Leyla con sus saltos, pero su sed es más fuerte y con cierta precaución da unos lametones que sosiegan su jadeante respiración.
Continuamos el camino hasta llegar al puente. Allí decidimos seguir a la derecha, por el curso del arroyo; preguntamos a un hortelano, que cava en el margen contrario, si encontraremos el camino de Villalbo, asintiendo el buen hombre, algo alarmado por nuestra presencia en el lugar. Seguimos avanzando entre malezas y terrenos de aluvión, que ensucian mis zapatos, bien adaptados por cierto al terreno, y al fin, encontramos el final del camino esperado. Descansamos unos minutos y emprendemos la pendiente subida. A nuestra derecha las escorrentías demuestran lo inclinado del terreno, gracias a la erosión fácilmente apreciable. La perra y yo nos introducimos en sus dominios, el animal se hunde, pero vuelve a calmar su sed con el liviano hilo de una transparencia casi invisible que baja por el ocre limo, que ocupa el lecho. Conforme ascendemos aparecen las rojizas tierras que dan alimento a magníficos especímenes de olivos milenarios. Poco a poco la cuesta se va aligerando, como nuestro peso. Jadeando, alcanzamos el cruce del camino de Santa Catalina, a partir de ahí se ventilan nuestros pulmones y el corazón aminora su alterada velocidad. Como cada día, pasear por el campo, ver las ocres, rojizas, grises o pardas tierras, inspirarme en los campos de Arjonilla es un hálito de vida, un respiro de belleza. Divisar por los cuatro costados el sereno susurro de su alma, la altiva silueta de su torre, reporta a cualquier arjonillero, más alimento que el que da la propia sangre. Que no tiene sentimiento, arjonillero, quien no sabe apreciar su tierra madre.
Las candelas de San Antón, previa bendición de un cada vez más acentuado zoológico, y con el consabido y tradicional otorgamiento de una copa de vino español, en esta ocasión acompañados de un pequeño bufé servido por nuestro primer restaurante de comida rápida y barata, nos dejaron una de las más significadas precipitaciones de este año escaso y, a pesar de la prisa que se dieron los servicios de limpieza en restaurar el paseo, fue muy peligroso aventurarse a andar encima de una grisácea, lodosa y escurridiza capa, resto de la candela oficial. Las cámaras de Canal 45 estuvieron presentes, inmortalizando a cuantos y cuantas se acercaron a poner en práctica sus dotes folclórico-musicales, rememorando las tradicionales canciones al calor de la lumbre.
Ya finalizada la recolección, después de los remates, que como la vida, cada día se hacen más ostentosos, pues en algunos casos ya no nos conformamos con la tradición de hacerlos en la finca donde se recolecta, sino que ahora hasta se celebran en el Santuario, quizás por un cambio de paisaje, por un agradecimiento a la Virgen por los buenos resultados de la cosecha o por vaya usted a saber por qué motivo, la cuestión es que se trata de pasar una velada inolvidable, cambiando probablemente los roles que en otros tiempos presuponían el ahorro, guardar para tiempos menos favorables.
A este importante hito en la vida agrícola de nuestro pueblo se sucedieron los carnavales, con buena participación, sobresaliendo las mismas agrupaciones de todos los años, cantándose canciones más o menos comprometidas en sus letras (Nuestro pueblo siempre ha sido muy sufrido, se ha aguantado con lo que le echen, pero ya se van escuchando ciertas disonancias con la forma de actuar de nuestros representantes), sobresaliendo una simpática comparsa escolar “La Casa de la Pradera”, que manifestó su deseo de que la Secundaria abandone de una vez los dominios de la Primaria, hartos de soportar las chapuzas de quienes deciden estos asuntos. Otra comparsa de alumnos y alumnas de Secundaria, rivalizaron con la anterior en cánticos a las estrecheces y fatigas, que, asimismo, pasan los que como ellos tienen que estudiar en un lugar prestado, pues, si tenemos educación, nos quedamos sin cultura y, si tenemos cultura, nos quedamos sin educación. Con el tiempo tendremos de las dos cosas, pero ahora la necesidad obliga. No faltó el grupo de la escuela infantil de la amiga Tere, que como siempre, resaltó este desenfadado y peculiar día en que Don Carnal se enfrenta a Doña Cuaresma. Tampoco se quedó atrás el grupo que cada año canta a la Virgen en la parroquia, esta vez ataviadas con bonitos trajes simulando mariposas, sus canciones no fueron, precisamente, las que muchos y muchas hubieran querido oír de boca de tan delicados insectos, sino que se tornaron en crítica mordaz y ácida a momentos desafortunados vividos y a otros que, posiblemente, quedan por venir. Todo esto es la salsa del Carnaval y por tanto cada cual tiene que asumir con buen humor las críticas, sin duda, bien intencionadas, de unas crisálidas que con su multivisión ven bastante más que cualquier mortal racional.
Por hoy ya he cumplido mi interesante misión de escribirte para que te sitúes en el tiempo y en el espacio de tu añorada Arjonilla, mientras oigo los gritos desgarrados de las viudas ocasionales que se dirigen al entierro de la sardina, te mando un beso en la distancia, recordándote que tengo que hablarte de Guatemala, ese país entrañable con el que nos unen afectuosos lazos y de la continuación de la actividad misionera, se despide de ti, tu nieto
El Roque.

Marzo

Querida abuela Encarna:
En atención a esas benditas monjas de San José de la Montaña que habitan en Guatemala, haciendo el bien, cuidando enfermos, ayudando a los pobres y acogiendo a preciosos niños de ojos y pestañas grandes, que llenan de vida sus limpias y cuidadas dependencias de San Cristóbal, en el departamento de Alta Verapaz, no muy lejos de la capital, quiero contarte algo de la Historia de las milenarias civilizaciones que ocupaban el territorio de esta nación hermana, cuando llegaron los españoles a conquistarla. Su nombre proviene de Quauhtemallan, que quiere decir tierra de árboles o Uhatezmala que significa montaña que vomita agua. Situada en la región ecuatorial, la posición de las montañas, que actúan a modo de pantalla, introducen ciertas modificaciones en el clima, por lo que podemos encontrar tierras calientes por debajo de los mil metros, tierras templadas entre los mil y los dos mil metros de altitud y por encima de estas, tierras frías. La mitad norte es muy lluviosa y está cubierta de selva, sólo en los puntos más bajos aparece la sabana con bosques de pinos dispersos. Sin embargo, la llanura costera del Pacífico tiene de cuatro a seis meses de sequía. A medida que nos acercamos a lugares de mayores precipitaciones, encontramos un denso bosque monzónico que asciende por las laderas del Eje volcánico.
Habitada por los indios Quichés de raza Tolteca, quienes tenían sus campamentos en los actuales departamentos de Totonicapán y Quezaltenango y, su capital, denominada Utatlán, en la actual Santa Cruz del Quiché. Tal nación tenía poblaciones de más trascendencia, pues alguna de ellas alcanzaría los 300.000 habitantes. Menos densidad tenía la nación de los Cachiqueles, situada a orillas del río Motagua; la de los Zutoiles o Zutogiles, que poblaban las riberas del lago Atitlán, llegando algunos de sus pobladores hasta el actual departamento de Guatemala.
Por la circunscripción de Huehuetenango habitaban los Polhomans o Manos, que tenían como capital a la populosa Nimpokón. Varias tribus aztecas ocupaban las costas del Pacífico y los Lacandones, población errante, recorrían el departamento de Alta Verapaz y la frontera de México.
Como ves, abuela, mi querido primo Paquito que ha sido quien me ha contado la mayor parte de cuanto te narro, a propósito de la venida de nuestro querido Pedro, a quien rápidamente él ha identificado con los Toltecas, está muy bien informado. Cuando yo le he preguntado a mi Perico, si sabe por qué se llama así su lugar de origen, me ha contestado, con sus 4 preciosos añitos, que, porque se lo han puesto los españoles. No cabe duda de que tiene buenas dotes para el razonamiento y una buena memoria, lo que prueba la afinidad con esta raza.
De la época de los Toltecas y su organización sociológica provienen las actividades culturales enfocadas hacia Tula Grande, grupo aristocrático quizás distinto al que ocupaba Tula Chico, y también en lo concerniente a la agricultura fueron los pioneros en la irrigación de tierras, apertura de cultivos en terrazas de maíz, principalmente, en los valles de Ixmiquilpán y del Ixtle.
Importaban cerámica, guijarros -piedras de obsidiana-, y conchas. Instrumentos elaborados de obsidiana, pieles de animales, plumas, algodón, cacao, etc. De esta civilización provienen la cerámica plomiza de Guatemala, Nicoya policroma de Costa Rica y Anaranjada fina del área de Veracruz-Tabasco. Las redes mercantiles de esta raza se extendieron por otras regiones más alejadas, hacia Sierra Madre Occidental, al sur, por Chihuahua y hasta la zona del Gran Chichimeca. La conclusión de Tula aconteció entre 1168 y 1178 a causa de una destrucción originada por el empuje de las poblaciones del norte; quizás variaciones climatológicas drásticas en el área de Chichimeca obligaron a los habitantes mesoamericanos -que es el nombre que se les da a los que viven en América Central, México y Las Antillas-, a emigrar hacia el sur, lo que fue la causa de que Tula perdiera su dominio sobre las redes mercantiles, de modo que fue destruida por el fuego y saqueada, con el abandono de su población.
Huémac , el último jefe tolteca , trasladó al bosque de Chapultepec la capital, por lo que el antiguo asentamiento de esplendor de sus ocupantes, fue decreciendo por el empuje de los grupos norteños. Algunos sectores se fusionaron con los Nonualcas establecidos en Puebla y los demás emigraron hacia la vertiente de México, a Calhuacán. Tula dejó un prestigio y poder, pero mantuvo tal arraigo en la región que todas las regiones Mesoamericanas del Postclásico pretendieron hallarse emparentadas con sus habitantes.
Cuando los españoles llegaron, pudieron apreciar el adelanto que existía en la mayoría de los poblados indígenas, a causa, en gran proporción, de la vecindad de la antigua civilización americana. Don Pedro de Alvarado la sometió en 1522, con el permiso de Hernán Cortés, el conquistador de México que venció a las tribus aztecas e hizo prisionero al emperador Moctezuma.
A partir de aquí hubo virulentas rebeliones y regiones enteras, del actual territorio guatemalteco, como Petén, no dejaron de ser tierra de guerra insumisa. Se sucedió la explotación de mano de obra servil abundante, dando como resultado una de las más duras formas de colonización del continente entero. Dureza de represión, indios normalmente herrados al vivo, gobierno de antiguos reyezuelos quichés, antiguos caciques que actuaban como recaudadores de tributos y esclavos, como capataces de los nuevos señores : lo cual exigía a su vez la conservación a la comunidad indígena así respetada de parte de sus tierras (fundos legales, ejidos, parcialidades, tierras de propios) destinadas a sufragar y mantener el poder de tales “alcaldes indios”, así como a sufragar otra célula básica y elemento estable, permanente, al mismo tiempo que moderador, del poder colonial propiamente dicho: el cura párroco. Antes que audiencia constituida(1543), fue Guatemala obispado en 1534; y posteriormente, en 1742 arzobispado. Gente de la iglesia fueron los más notables, por no decir únicos, eruditos, pedagogos y promotores de la economía. Destacó entre los prelados guatemaltecos el primer obispo, Marroquín. Los franciscanos introdujeron el trigo y las reses vacunas y los dominicanos administraban puertos. La única orden religiosa de origen americano es la betlemítica, fundada por fray Pedro de Betancourt.
Desde entonces, se han sucedido importantes hechos que serían imposibles de relatar en esta carta, sólo añadiré que la actualidad ya la conoces por los medios de comunicación, pero si tengo que citarte un importante hecho y es que el origen de América está en los pueblos nómadas de las estepas de Eurasia central y del norte, que produjeron una confusión de pueblos a través de muchos siglos, lo que prueba la proliferación de rasgos asiáticos. La historia de América se está completando ahora por métodos de cronología relativa, basados en la excavación y en la inspección de árboles, trabajando con “carbono 14”. De este modo, sin tener que apoyarse en tradiciones orales muy inadecuadas, podemos distinguir con bastante exactitud varias civilizaciones en el milenio anterior al descubrimiento de América por Colón. Todo hace pensar que los primeros colonizadores llegaron por el estrecho de Bering desde el nordeste de Asia y se dispersaron por enormes regiones de climas diferentes y recursos múltiples; durante miles de años vivieron dedicados a la caza, la pesca y la recolección de frutos naturales. La llamada cultura de la azada fue introducida antes del 2500 A.C., especialmente en México, Guatemala y Nicaragua, esto llevó a modos de vida sedentarios y a un rápido desarrollo de la riqueza y la cultura.
Espero que te haya interesado el tema, a la vez que saludaré de tu parte a las religiosas, que, sin duda, apreciarán que en la distancia las tenemos presentes y rezamos para que no desfallezcan en su valiente misión.
Tocando los temas de aquí ya puedo anticiparte que los ensayos de cofradías nos introducen dentro de la cuaresma en un ambiente de recogimiento que se desbordará con los brillantes desfiles y la estruendosa noche de Pascua de Resurrección.
Te recuerdo, ahora que los temas agrícolas están candentes, el episodio de los aceituneros altivos, cuando hace aproximadamente dos años y medio, se presentaron a protestar en Bruselas, esa seria ciudad, como su reina española, a la que los organismos oficiales no han hecho menos sosa, para que las normas de la Unión Europea no acabaran con “el aceite mejor que se obtiene de los vegetales”(frase de Columela, un escritor del siglo primero, nacido en Cádiz, que se retiró a Italia después de mucho batallar y se dedicó a la lectura de los autores clásicos y al estudio del campo, lo que le permitió escribir su obra en doce libros, titulada “Sobre la agricultura), y como símbolo de su trabajo y afán por salvar sus cultivos, con excelentes modales, regalaron al alcalde de la ciudad un hermoso y viejo ejemplar de olivo para que embelleciera alguna de sus plazas, y se enterasen los belgas, si lo han cuidado bien y no se les ha helado por contagio, de lo que cuesta cuidarlos y lo civilizados que son nuestros milenarios representantes, aunque para ellos sea sólo un adorno, un recuerdo de nuestros esforzados y sacrificados trabajadores. Pero a pesar de todo, el olivo estará muy triste sin el abrigo de quienes verdaderamente entienden su personalidad, y sin el acompañamiento de otros cuantos a los que narrar sus cuitas.
Todavía, cuando escribo estas líneas, continúan las obras de la residencia, pero ya hemos tenido noticias de una buena idea para establecer la dieta de los ancianos y ancianas y que no se tenga que marear mucho la cocinera (o el cocinero, perdón), habrás oído que en un establecimiento extremeño, de estas características, se administra a tan dilectos huéspedes una dieta de aceite de oliva y jamón ibérico. Una semana se les da aceite y a la siguiente 100 gramos diarios del preciado tesoro gruñete que se alimenta de las bellotas de los encinares de la tierra de los conquistadores. Yo estoy por apuntarme ya en la lista de espera si atienden a tan sugerente régimen.
Esperemos que nuestros ancianos terminen pronto su trasterrada andadura y los plantemos de nuevo en su habitat natural que es su pueblo, no les vaya a pasar como al olivo de Bruselas.
También podemos esperar que les llegue a tiempo el posible éxito de las investigaciones de esos científicos norteamericanos, que han conseguido doblar la longevidad de algunos animales y creen estar a punto de descubrir la manera de extender la vida humana, hasta límites nunca alcanzados. Alterando la genética de gusanos y moscas se ha multiplicado su vida por dos. Puede que nos miremos en el espejo y aparentemos 45 años cuando en realidad tengamos 90. Imagínate si pudiéramos vivir hasta los 150 ó 200 años, entonces los geriátricos podrían esperar.
En cierta ocasión me preguntaste por esas bonitas palmas, que artísticamente filigranean con trenzados inverosímiles las mujeres de Arjonilla y luego lucen en la procesión del Domingo de Ramos, ciertamente que son de la ciudad de Al Edrisi, hoy llamada Elche y que en el siglo XI fue comparada con La Meca, como ciudad oasis que cuenta con casi trescientas mil datileras. Esos palmerales que llegan a alcanzar los 30 metros de altura, la hacen la mayor reserva de Europa y de la parte más septentrional del Mediterráneo, en cuanto a este decorativo y preciado árbol. En enero se cortan las palmas tiernas y blancas y se venden a todos los lugares del mundo. En nuestro pueblo, los hombres portan, la mayoría, palmas lisas de hasta tres metros de alto y las mujeres las trenzadas y floridas, que son una verdadera filigrana vegetal. Pero, eso sí, hemos descubierto que después del desfile procesional, muchas, cuando llegan a la Plaza de la Encarnación, se van a su casa muy ufanas de haber exhibido su pequeña obra de arte, lo que me da cierta pena cuando sucede, pues, en realidad, poco les importa el sentido religioso del domingo.
Tomaré buena nota de cuanto acontezca durante la Semana Santa, para después contártelo en mi próxima, hasta entonces, un abrazo de tu nieto,
El Roque.
Abril

Querida abuela Encarna:
Atravesar a pie cualquiera de nuestras callejuelas nos sumerge en diferentes olores. Según sople el viento, podemos aspirar un intenso aroma de residuos oleosos o recoger las primeras emisiones que despiden nuestros decorativos naranjos, en recuperación después de los últimos ataques de ciertas plagas que los habían dejado con un aspecto negruzco y peguntoso que, además, manchaba el pavimento. Ahora, con la incipiente primavera, día a día se ve brotar el azahar que, cuando no hay emisiones de otros olores desagradables, adormece nuestros sentidos pensando en otros tiempos, en otros lugares. Sí después de todo lo que te digo nuestro paso es por la callejuela Convento, el pensamiento se agudiza y lo que nuestro olfato percibe es un síntoma de espiritualidad, en forma de olor a cera caliente como preámbulo de la Semana Santa que se aproxima. Será que los ladrillos viejos de que están remozados los edificios han acaparado esos olores con el paso de los años y se les han incrustado, de tal manera que como un reloj de las estaciones, milagrosamente desprenden esos aromas, cuando llega cada momento importante en la vida de los cristianos de nuestro pueblo.
Contar nuestra Semana Santa no es como verla, por eso espero que puedas visitarnos si te es posible, para que descubras el esfuerzo que están haciendo todos por realzar, dentro del recogimiento que ya conoces, los aspectos más suntuosos de esta celebración. Ya no es como cuando los amigos de la pandilla nos juntábamos y, de improviso, acordábamos llevar a hombros algún paso o empujar algún carro, para demostrar a nuestras amigas que si ellas hacían penitencia visitando el Monumento o llevando una vela de mantilla, nosotros éramos también capaces de mortificarnos soportando sobre nuestros huesos tan pesada carga, o empujando con rostro lastimero de circunstancias los descuidados carros aderezados con música en conserva. Ahora se preparan los portadores y entrenan, con la antelación suficiente, para que apreciemos como la perfección va llegando a momentos verdaderamente sublimes. La adquisición de nuevos elementos ornamentales, procedentes de hermandades sevillanas, principalmente, nos van a recordar una especie de Sevilla chica, lo de chica lo digo por la proporción métrica en todos los términos, no peyorativamente.
Mientras llega el momento, el pueblo se prepara pintando fachadas, adecentando las calles, tapando baches para que los pasos de los anderos no se tuerzan ni se tropiecen, podando los bellos ejemplares arbóreos de nuestras calles y plazas, plantando “moneteros” en los arrasados arriates de nuestra plaza de la Encarnación, el eficiente jardinero municipal Salcedo y sus ayudantes temporales, y, elaborando de manera tradicional y casera los dulces típicos de estas fechas. Te recuerdo en cualquiera de los hornos de nuestros artesanos panaderos, batiendo huevos para hacer magdalenas y esos suspiros almendrados o avellanados, con los que nos obsequiabas, después cuando te visitábamos, sin olvidar los hornazos que como tantas veces hemos reído juntos, y a más de uno de tus nietos les ha supuesto un chichón dada la extremada dureza que cogían cuando pasaban unos pocos días y no los habíamos consumido. Recuerdo aquella vez que peleando con mis primos me lanzaron uno, yo me agaché y se introdujo en tu chinero, atravesando cristales y haciendo un verdadero estropicio, dentro del ordenado habitáculo de recuerdos “lozanos” (por la materia prima). Te costó un buen disgusto y a nosotros una gran reprimenda, sobre todo porque como cualquier niño, de cualquier lugar de la tierra, y de cualquier época, lo que hace en estos casos es reír sin pensar en lo que puede venir después, nosotros tuvimos semejante osadía y no te sentó muy bien en ese momento.
En nuestros tiempos, nos tenemos que conformar con adquirir algunos de estos ricos productos en las tiendas o los hipermercados, habiendo perdido por tanto la gracia de la artesanía, de lo casero. Todavía algunos de los descendientes de estos panaderos, no con los medios tan rudimentarios con los que contaban sus ancestros, hacen algunas de las especialidades de Pascua, para que no se pierda la costumbre y en los momentos en que desfallezcamos, con lo largos que se hacen algunos de estos días, nos demos un latigazo en forma de exquisito dulce, siempre que respetemos los días de ayuno y abstinencia.
En el lugar de costumbre tenemos instaladas diversas atracciones de feria, para que en las vacaciones los más jóvenes puedan olvidarse de las preocupaciones, que son más de los padres que de ellos, ya que a esa edad no se piensa nada más que en la diversión. No obstante, esperamos que, bien porque nos lo exige nuestra religión o bien porque nos lo demanda nuestra tradición, para que todo tenga su momento, cumplamos con la espiritualidad de este tiempo santo para que no sea un pretexto al servicio de nuestra exhibición o desenfreno.
Otro sitio de interés que has de visitar cuando vengas es nuestro famoso “Barrero” de “El Albarrá”, si te lo enseñaran en foto no lo reconocerías. Hace unos días fui a dar un paseo por nuestro desaprovechado paraje, que podría ser con el tiempo una reserva de oxígeno extraordinaria si se poblase en su totalidad, acompañado de tu biznieto Pedro y tu nieta y me sorprendí al descubrir un hermoso lago de unos 40 ó 50 metros de largo por unos 25 ó 30 de ancho, lleno de plantas acuáticas entre las que sobresalen los juncos y una gran cantidad de ranas que saltaron perdiéndose en las profundidades de las aguas. Algunas deben ser de más de un kilo, pues suenan, dentro de la sinfonía que interpretan cuando el público está callado, como el bajo de una orquesta. También hay una tortuga que, pese a nuestro interés por saludarla, no se nos mostró en nuestra visita, lo que produjo cierta decepción en nuestro pequeño “PJ”. Si no sufre una fuerte evaporación y llueve para mantenerlo de aquí al verano, para estas fiestas podríamos tener competiciones deportivas acuáticas. Aumentando así el elenco deportivo con que cuenta nuestro pueblo.
Bien podríamos decir que ese agua representa tantos y tantos sudores, de cuantos arrieros y otros obreros se han dejado su piel y hasta la vida, por construir nuestro pueblo. Algún día debiéramos homenajear a quienes han sido el basamento de la floreciente industria alfarera. Ahora, cuando oigo decir a mi amigo Roque Peña, el jubilado alguacil del ayuntamiento con el que he compartido momentos de ilusión en el consistorio, que un tejar sería una magnífica inversión en nuestro pueblo, no dejo de darle la razón al contemplar la riqueza que encierra el yacimiento del ocre grisáceo de nuestra maravillosa e inagotable “Albarrá”.
Lo cierto es que darse un paseo por nuestros campos es reconfortante, descubrir la variada gama de colores que pueblan nuestros suelos, la luminosidad del verde cambiante de la hierba, según la luz que reciba a través de las nubes y esos nazarenos que celebran su semana santa particular con unos interminables desfiles entre olivos son razón suficiente para descargar el estrés. Además, tenemos mucho tiempo el sol sobre nuestra tierra y con esto del cambio de hora, que por cierto no comparto, pues nos distorsiona las constantes vitales, produciéndonos un descontrol en el sueño y la alimentación, por lo que creo que no beneficia a nadie. Me parece que es algo que debieran replantearse las autoridades de la nación, pues ni siquiera viene bien como pretexto a los sindicalistas que preconizan una semana de treinta y cinco horas de trabajo para así repartir el mismo entre los que no tienen.
No te cuento más por ahora, ya comentaremos, si te es posible venir, lo que ocurra en estas entrañables y recogidas fechas, de lo contrario ya te contaré en mi próxima lo que ocurra en este mes largo que estaré sin escribirte. Mientras tanto, recibe un fuerte abrazo de tu nieto,
EL ROQUE.

Mayo

Querida abuela Encarna:
Apontocar, la marrilla contra el suelo, como dice y hace Juan de Dios (y por eso se le desgasta en forma de plano inclinado su peculiar báculo por la goma equidistante al agarre, porque lo posa echando sobre él su gran peso, de manera inclinada; así, cuando se para a dar una calada a su cigarro canario, forma una estampa inconfundiblemente popular entre quienes le conocemos y aspiramos la cansina y sofocante “fumata” de olor incómodo), efectivamente, es una expresión que todavía se utiliza por la gente de tu edad y que tiene vigencia en los manuales, tratados y demás legajos gramaticales que desde Juan del Villar se conocen y admite nuestra Real Academia de las Letras. Es esa una palabra que pertenece al rico léxico de nuestro idioma y que como tantas no debiéramos dejar de utilizar, tal y como me apuntaba mi querido primo Paco Pérez (al que nombramos nuestro “adelantado” en Galicia, la tierra del trovador, donde hace apología de nuestra Andalucía), en el momento en que, con una sonrisa ante la expresión primigenia de mi carta, pronunciada por mi vecino, ponderaba el rico lenguaje de nuestros pueblos.
Apontocar los sentimientos de quienes alejados de su pueblo se regocijan con cuanto presto les cuento, esa es la misión que trato de cumplir con las armas de lo más eficaz en la distancia, que es la palabra. Sostener o dar apoyo a una cosa con otra, tal es el hermoso significado de nuestra culta y ancestral palabra.
Soy un nieto verdaderamente despistado, con el cariño que te tengo y se me olvida felicitarte en tu onomástica. Cuando llegó el día veinticinco ya había echado mi carta. La celebración de la fiesta de nuestra titular parroquial, por la que tú llevas el nombre, me recordó que no te había expresado mis deseos de que pasaras un día feliz en compañía de todas las amigas que te rodean, por eso, perdóname y acoge de buen grado mis disculpas y el que no te dedicara unos minutos al teléfono, ya que a ti, al igual que a mí, nos repele el uso del teléfono celular, cuyos inconvenientes son el gasto superfluo y el consiguiente aumento de choques con postes y árboles de quienes siempre lo llevan en la oreja; aunque, por otra parte, tiene la ventaja de que hay una mayor comunicación entre humanos y que desde cualquier lugar o situación podemos pedir socorro. Que estamos, por ejemplo, en la “Cámara de los Loores” -como familiarmente llama mi progenitor al excusado -, con cierto estreñimiento, pues podemos hablar con nuestro médico de cabecera y solicitar su prescripción, ya que los consultorios son tan entretenidos; después, otra llamadita al farmacéutico y servicio rápido de laxante. Las compañías telefónicas lo agradecerán y pronto, con la reducción de tamaño y peso, nos veremos como los espías, los agentes secretos o los personajes de ciencia-ficción del séptimo arte, con una habichuela en la oreja y un fideo en la boca podremos marcar y hablar con sólo sintetizar vocalmente el número deseado.
No somos, ninguno de los dos, aficionados a lo bélico, ya se refiera al invento de Graham Bell o al sino beligerante al que los hombres se ven abocados por su egoísmo, por eso no estamos de acuerdo con guerras ni conflictos de cualquier tipo, y lamentamos que exista ese odio secular entre hermanos del misma Padre aunque de distintas etnias.
Voy a relatarte a continuación todo lo acontecido durante nuestra excelente Semana Santa, en todos los sentidos. Comenzó el Domingo de Ramos con la procesión de palmas y ramas de olivo, desde la cruz del Camino Arjona, a través de la calle Santa Brígida, en dirección al templo. Bullicio, entre susurros y jaculatorias, vocinglería en terrazas y quietud dentro de nuestro singular tabernáculo, donde me consta han pasado horas y horas de adornos, entre flores y olores a cera, las personas que verdaderamente merecen el respeto por su sacrificio en pos de tan esplendorosos momentos posteriores. Ensayos ininterrumpidos de costaleros en los días precedentes, catequesis concienciadoras de lo que representa la, valga la redundancia, representación de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor mediante nuestras valiosas imágenes. Todos los esfuerzos para solventar problemas económicos se olvidan cuando fervorosamente avanzamos por nuestras calles con el peso a cuestas de nuestra fe, de esa fe que a veces ni nos damos cuenta que tenemos, o disimulamos con palabras y acciones que siembran el desconcierto de quienes las interpretan.
Ese domingo, por la tarde, un grupo de jóvenes de Arjonilla, como reza en la prensa de tirada nacional, escenifica por calles y plazas la Pasión, siendo inevitable la visita al paraje conocido como el Santo donde tiene lugar la crucifixión de Jesús. Momento sobrecogedor en el que hasta el corazón de los más duros se subleva. Una vez más, abuela, estos jóvenes de los que hablaba la prensa han cumplido su compromiso de vivir las últimas horas de Jesús, como si se encontrasen en aquellos tiempos. Muchas personas, entre ellas cientos venidos de fuera, han seguido las vicisitudes de los actores, que se han introducido de lleno en los personajes interpretados y han logrado con creces el propósito de despertar el interés por Jesús de aquellos que infravaloran la espiritualidad frente al materialismo reinante. Un sobresaliente para todos y una mención para los que montan, musicalizan y cubren el trabajo que menos se ensalza en estos casos.
El Miércoles Santo, por la tarde, la presentación del libro de fotos comentadas sobre las Misiones Populares, todo un trabajo que seguro sabrán apreciar los arjonilleros. Un total de 451 instantes plasmados, si no recuerdo mal, que denotan por enésima vez el interés que ponemos en nuestro pueblo cuando Dios nos llama. Tal vez no estén todos los que son, ni sean todos los que están, pero esas fotos quedan para los restos como uno de los sucesos más impresionantes de nuestra fe. Ya te he enviado un ejemplar. Muéstralo a tus amigas y veras como en cuanto vengan este verano, o antes si no pueden resistir, compararán uno, aunque no estén ellas, pues, en espíritu, sabemos que todos los arjonilleros que estáis alejados materialmente, espiritualmente os identificáis con los textos y los personajes inmortalizados en las fotos. Después un Vía-Crucis por las calles, con el Cristo portado por jóvenes, como primer acto penitencial.
Otro día primaveral amanece, los primeros aromas de azahar se desprenden de los numerosos naranjos que embellecen nuestras plazas y calles. Todo está a punto para rememorar los momentos claves de nuestra fe. Dentro de los seculares muros de nuestra parroquia se oficia la Santa Cena, doce apóstoles, que todavía no entienden la trascendencia de su sentada postura en las escalinatas del presbiterio, prestan sus pequeños pies infantiles a la demostración de Cristo-sacerdote de la infinita humildad y grado de servicio que nos propuso el Nazareno, cuando se agachó y nos transmitió tanta enseñanza con ese gesto de desprendimiento de lo material, de servicio sin límites. Prácticamente todos los fieles participan del banquete del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Después del banquete, su cuerpo es trasladado al monumento, cuya inenarrable belleza podrás ver en las fotografías que se incluyen en la revista. Un auténtico deleite para la vista contemplar la finura de los hermosos detalles florales, de inigualable colorido, como las margaritas de un tono fucsia que han provocado en el corazón de quienes han visto la obra del Creador un estímulo para su fe. Es Jueves Santo, una tarde espléndida de un día interminable, de atmósfera despejada. Cuando comienza la procesión el paseo está lleno y el orden impera como ya se ha hecho regla en los últimos tiempos.
Ya es Viernes Santo, primeros momentos, la Hora Santa ha reunido a un grupo de Adoradores y algún que otro fiel a este tiempo de penitencia recordatorio de los instantes finales de la vida del Salvador. Mientras tanto, la plaza de la Encarnación se va llenando de una expectación silenciosa, de una vocación nacida joven, va a salir la procesión de la Humildad, la plaza enmudece cuando se abre la puerta del Perdón, los anderos de la Virgen ya se han empapado de fervor, caminan decididos hacia la salida mientras el silencio deja escuchar el tintineo de los refulgentes varales y la voz firme del capataz que los manda. La maniobra de salida ha sido un éxito y el silencio es roto por un enorme aplauso, que estremece los sentimientos más recónditos de una religiosidad popular, que también es religión si sentimos que algo cambia, que se nos pone la carne de gallina por el hecho de que una Virgen, hecha escultura, que parece que anda de verdad buscando al Redentor ha salido a la calle para darnos ese empuje que necesita nuestra fe tal vez adormecida. Muy cerca de las cuatro de la madrugada Nuestra Señora ya está de nuevo en el templo, los portadores han hecho un esfuerzo, en cuclillas, prácticamente de rodillas, ante la mirada atónita de los pocos espectadores que han aguantado el frío de la noche, la han introducido en la gran mansión, que con tanto cariño cuidamos los arjonilleros.
Por la mañana Jesús el Nazareno hizo su tradicional recorrido, arropado por cientos de penitentes perfectamente uniformados.
Ya el Domingo de Resurrección, después de que en la noche del sábado las estentóreas descargas de salvas, petardos y demás aditamentos para la ocasión, señalaran el momento en que, tras correrse la cortina, apareciera Cristo Resucitado en la Vigilia Pascual, la procesión de todas las hermandades, de una manera más desenfadada, más con un semblante de desbordamiento de las emociones serias vividas durante los días anteriores, puso colofón a estos momentos con un día radiante como se merecía la ocasión.
Salvo detalle que pueda haberme dejado en el tintero, esto fue todo cuanto acaeció desde mi carta anterior, hasta la próxima que olerá a jara y romero, recibe un fuerte abrazo de tu nieto,
El Roque.

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